
Quién no ha oído alguna vez la manida frase de 'el fútbol es así'. Si el concepto 'el fútbol' se cambia por cualquier otro, como 'la medicina', 'la suerte', 'el trabajo'…o 'la vida', se puede ver que la dichosa frase viene como anillo al dedo para buscar una explicación desesperada a cualquier acontecimiento irracional.
La pesca, obviamente, tampoco se escapa de esa aseveración; sobre todo en aquellas jornadas en las que, después de haberlo probado todo (¿?) nos toca volvernos 'bolos' a casa sin haber tocado escama.
Aún así, en teoría, el proceso de pescar es relativamente sencillo. Se trata, en primer lugar, de buscar a los peces (ya sea en general o la especie concreta que busquemos) utilizando una serie de recursos, encontrarlos y, por último, acertar con la técnica y el cebo que nos facilite su captura. Tan sencillo y tan complejo a la vez; sobre todo cuando ellos, una vez encontrados, se empeñan en no picar y aguarnos la fiesta.
Buscar y encontrar
El primer paso en una jornada de pesca, una vez en la orilla, es intentar localizar dónde se encuentran los peces, una cuestión que llevará al pescador a actuar de forma distinta dependiendo de qué tipo de especie persiga y del escenario en el que pretenda capturarla (ya que no es lo mismo pescar en un río que hacerlo en un embalse, ni batir una zona de corriente que un remanso).
En cualquier caso, los aspectos generales a tener en cuenta son siempre los mismos: buscar, por un lado, la distancia a la que se encuentran los peces; y, por otro, el nivel de profundidad en el que se muestran más activos.
Dependiendo de la especie, y del lugar en el que se vaya a pescar, se recurrirá a una técnica u otra para dar el primer paso e intentar encontrar a los peces. Por ejemplo: para pescar carpas a fondo en un pantano será útil emplear varias cañas (siempre teniendo en cuenta lo establecido en la legislación vigente en el lugar en el que nos encontremos) lanzándolas a diferentes distancias de la orilla (lo que, de paso, conlleva también probar en distintas profundidades) y probando varios cebos (puede ser lombriz en una y maíz en otra). Cambiando, y alternando, los lances cada cierto tiempo se puede cubrir una amplia zona.
Si, en cambio, estamos pescando barbos en un río con una corriente suave, la opción más polivalente es combinar (si se puede en ese tramo) una caña con plomada (cebada, por ejemplo, con cola de cangrejo), para buscar en el fondo, y otra con flotador (en este caso ensartando una lombriz), para buscarlos a medias aguas. De esta forma se tantean también todas las posibles ubicaciones, tanto en lo que se refiere a distancia como en lo que respecta a profundidad y variedad de cebos.
Un tercer ejemplo, y dejando a un lado el cebo natural (que se ha puesto como opción más 'viable' en los dos casos anteriores), sería el de pescar depredadores (truchas, luciopercas, 'basses'…etc) utilizando artificiales (cucharillas, peces artificiales, vinilos…etc). En este caso los pasos a dar son los mismos; por un lado, se trata de probar lanzando a diferentes distancias, empezando con lances cortos, para ir probando después con lances cada vez más largos; por otro, habrá que variar la profundidad, bien utilizando artificiales distintos para pescar en superficie, a medias aguas o en el fondo, o bien recogiendo más rápido (sin dejar que el cebo se hunda), o más despacio (para que vaya bajando según lo recogemos).
En el caso de los cebos artificiales, y una vez probadas las distancias del lance y el abanico de profundidades, sólo quedará cambiar los modelos (en caso de no tener picadas) variando las formas, los tamaños y los colores, hasta resolver todas las incógnitas y saber a qué distancia, a qué profundidad y a qué artificial les da por picar ese día a los peces.
Inmóvil o en movimiento
Un último matiz a tener en cuenta a la hora de elegir la estrategia para empezar a pescar es tener en cuenta la densidad de peces que puede haber en determinado escenario. En términos generales, se puede elegir entre emplear una modalidad con el cebo en reposo, como por ejemplo la pesca a fondo con plomada, en la que es el pez el que tiene que moverse por el lecho del río hasta encontrarlo; o en movimiento, en cuyo caso es el pescador el que va buscando a los peces cubriendo una amplia superficie a base de lances.
Es obvio que el primer sistema, con el cebo inmóvil, dará mejores resultados en aquellos lugares en los que la densidad de peces sea más alta, porque si hay una cierta abundancia de ejemplares es más fácil que, antes o después, alguno de ellos se 'tropiece' con él. En cambio, si la superficie a pescar es amplia (como un pantano), y la densidad de ejemplares es más bien escasa, la modalidad más apropiada, a priori, debería ser una con el cebo en permanente movimiento.
Por concretar ambos modelos con ejemplos prácticos, se puede decir que la pesca a fondo con cebo en reposo es todo un clásico, entre otros, para la pesca de la carpa en embalses. La explicación es que esta especie suele ser muy abundante en la mayoría de los casos y, además (aunque dependiendo de las épocas y de las temperaturas del agua), acostumbra a moverse en grupos más o menos numerosos, lo que multiplica sensiblemente las posibilidades de tener alguna picada.
En cambio, si de lo que se trata es de buscar ejemplares de alguna especie de depredador, como pueden ser truchas, lucios, luciopercas o 'basses', por regla general más escasos en todo tipo de escenarios, se antoja menos 'productivo' dejar un cebo inmóvil y esperar a que sean los peces los que se tropiecen con él; por eso, lo habitual es tentarlos utilizando, en la mayoría de las ocasiones, artificiales que 'barren' mucha superficie del agua en cada lance, como cucharillas, peces artificiales o llamativos vinilos.
De hecho, los avances en la confección de cebos diseñados para afrontar este tipo de situaciones se han centrado desde hace años en aspectos que llamen la atención de los peces aunque se encuentren a grandes distancias, como las vibraciones que emitan o la vistosidad de colores que atraigan al depredador en cuestión. De esta forma, uno de los más llamativos logros, tanto para la pesca del lucio como del Balck Bass, ha sido la aparición de las 'spinnerbaits', una combinación de cucharillas con vinilos o pelos de vistosos colores. Otro ejemplo ha sido la introducción de bolas metálicas en el interior de los tradicionales peces artificiales, para crear sonidos y vibraciones.
Salvo imprevistos, siguiendo todas estas pautas, y probando desde un primer momento todas las variantes de distancias, profundidades y cebos posibles, lo normal es que, más pronto o más tarde, el pescador dé con los peces y acabe con alguno en sus manos.
Aún así, si algo tienen claro los más veteranos es que la pesca tiene poco de ciencia exacta, y que, pese a cumplir a rajatabla todos los pasos, hay un 50% de posibilidades de volverse 'bolo' a casa en cada jornada. Si esto ocurre, siempre queda la manida frase: 'la pesca es así'.